De psicólogo clínico a terapeuta contextual: Cuando las palabras no alcanzan

No se aprende a ser terapeuta contextual sólo estudiando, no se aprende a ser terapeuta contextual sólo investigando o leyendo investigaciones o dando conferencias, o explicando y dando clases a alumnos. No se aprende a ser terapeuta contextual escuchando conferencias o siendo espectador de “la magia que otros hacen con las palabras”, repitiendo lo que otros dicen, usando sus mismas frases.

Sólo se aprende a hacer terapia haciendo, recibiendo feedback directo y siendo lo suficientemente humilde, abierto y flexible para dejarse moldear. Se aprende practicando, repitiendo, una y otra vez, cientos, miles de veces, preguntas, ejercicios, metáforas, ejemplos, e interacciones en distintos contextos, con diferentes personas, en diferentes momentos… y volviendo siempre la vista a cómo lo haces, a cómo lo hacen otros, y a cómo podrías hacerlo para ser más efectivo. Se aprende exponiéndote a que otros expertos te digan lo que ven y compartan contigo (desde esa otra perspectiva que no tienes y que nunca tendrás ) las cosas que has hecho especialmente bien y las cosas que mejorarían en tu lugar.

Se aprende a influir dejándose influir, dejando que un entrenador o un supervisor te guíe, te corrija y te diga esas cosas que te cuesta y no te gusta oír, porque a nadie nos gusta que nos corrijan.

Se aprende cuando uno se graba en las sesiones y luego se ve haciendo terapia y nota lo que nota cuando se ve preguntando, cuando ve el ritmo que lleva, las palabras que usa, las cara que pone…

Se aprende además dejando que tus clientes, más allá de tus teorías, razonamientos, y explicaciones indudablemente brillantes, te muestren con su comportamiento cada vez, si lo que estás haciendo sirve. Ellos (su conducta) siempre tienen la razón, así que aprenderás sólo si tienes el valor y das permiso a tu cliente a hablarte con total sinceridad y te muestras verdaderamente abierto a escuchar eso no que no nos gusta oír y te cuenta cómo le está yendo en la terapia.

Por eso no olvides que en este camino hacia transformarte en un terapeuta contextual será esencial que te impliques:

  • Graba tus sesiones y mírate haciendo terapia, descubrirás montones de momentos brillantes, de fallos y de reacciones significativas de tu cliente y de las que no has sido consciente durante la sesión. Ganarás un montón de perspectiva haciendo esto.

  • Cuando te grabes comparte trozos en los que estés atascado con colegas que tengan más experiencia que tú, repasa, conversa e intercambia ideas con esos colegas.

  • Si estás atascado busca a un supervisor para que te aporte perspectiva, experiencia y conocimientos. Comparte tus vídeos con él ya que sólo así podrá ayudarte a detectar, con precisión, dónde están los fallos.

  • Mira y siempre pregunta a tu paciente por el efecto de lo que haces en cada sesión.

  • Pídele feedback de forma sistemática, que te cuente con qué mensaje se va a casa al finalizar la sesión o al inicio de la siguiente sesión pídele que te resuma con lo que se quedó de la sesión anterior.

  • Pídele ejemplos de su experiencia sobre la forma en la que aquéllos mensajes han calado en su vida cotidiana.

  • Y recuerda que ¡la clave siempre está en la experiencia del cliente!

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