Los miedos de los terapeutas…

5 enero, 2022

Marisa

Reflexiones

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Nos pasamos nuestra vida profesional aprendiendo estrategias y herramientas de intervención en terapia (estrategias de evaluación funcional, habilidades de comunicación, habilidades sociales, identificación de esquemas desadaptativos, estrategias de defusión, técnicas de relajación, de exposición, técnicas de reestructuración cognitiva, etc.) Sin embargo, ninguna de estas estrategias funciona, todas son generativas, y pueden funcionar o no en un contexto en particular, en unas circunstancias espacio-temporales específicas.

Como bien plantea FAP (Functional Analytic Psychotherapy, Kohlenberg y Tsai, 1991) una de esas circunstancias específicas tiene que ver con la relación terapéutica y sus cualidades que conformarán un contexto particular, que dará o no función a las estrategias y herramientas que conocemos, y bien sabemos usar.

La terapia será según FAP ese proceso interpersonal de ajuste, de acompasamiento entre un cliente en particular y el terapeuta, para en un momento concreto intervenir y cambiar, mediante alguna estrategia o técnica, el comportamiento del cliente con fines terapéuticos.

FAP propone que la relación terapéutica óptima es aquella que promueve, en el aquí y ahora de la interacción clínica, el despliegue los problemas del cliente.  La ocurrencia de las conductas problemáticas en la interacción es una gran oportunidad, porque todos los cambios y mejoras podrían ser moldeados por el terapeuta en directo, a través de la relación y en el aquí ahora.

La dificultad que entraña este acercamiento tiene que ver con que su potencia se asienta en el desarrollo de una relación en particular: una relación auténtica, cercana, abierta, horizontal y eso no es fácil de construir. Otra dificultad es que este tipo de relación no solamente evocará los problemas del cliente, sino que expondrá al terapeuta a sus propias tendencias y dificultades. Despojado de sus vestiduras técnicas, el terapeuta tendrá que poner al servicio del cliente la conciencia de sus reacciones personales, se expondrá al cliente mostrando su sentir, lo que está experimentando delante del cliente, sus necesidades en la interacción, y tendrá que hacerlo cuando mostrarse sea útil para el paciente.

El terapeuta tendrá que ejercitarse en la práctica de la presencia, mantenerse en la conciencia de sus reacciones: reconociendo sus pensamientos, sus sensaciones y los sentimientos que el cliente está despertando en ese momento. Pero además, tendrá que tener la valentía de compartirlos con el cliente cuando tengan función terapéutica y sirvan en la movilización del cambio.

Es fácil que en este proceso de tanta vulnerabilidad y cercanía emerjan también los problemas del terapeuta, sus debilidades, limitaciones, y tendencias más acusadas. Esto multiplica el riesgo, y es que los comportamientos problemáticos del uno y del otro, podrán interferir en el tratamiento, cuando no son trabajados en profundidad, y quizás sean inadvertidamente reforzados.

Pero ahora no voy a hablar de FAP y sus implicaciones técnicas, ni de la relevancia que la posición del terapeuta ante el cliente tendrá en el impacto de las técnicas que emplee. Para ello os voy a dejar unos textos interesantísimos que os podréis descargar con facilidad y que os invito fervientemente a que los reviséis:

Hoy quiero hablar de nuestras reacciones como terapeutas en la sesión y de nuestras tendencias en la regulación. Para ello en las siguientes entradas voy a hablar de situaciones que se nos presenta cotidianamente en la clínica y que para muchos de nosotros constituyen auténticos desafíos ya que suponen la emergencia de montones de sentimientos, sensaciones, pensamientos más o menos difíciles, y que pueden interferir, según actuemos automáticamente y pegados a ellos o seamos más conscientes de ellos y sepamos regularnos flexiblemente, en nuestro modo de operar en la terapia.

Quiero además compartir algunas claves que nos puedan ayudar a ser más conscientes de nuestras reacciones, y ejercicios concretos que nos ayuden a practicar activamente su regulación flexible en sesión.

Todas estas reflexiones están magníficamente ilustradas por René Merino, que ha sabido condensar y expresar con su claridad y viveza habitual las experiencias que he compartido con él. Espero que estas reflexiones impregnadas de su humor, conecten con vuestras experiencias y abran un espacio para la reflexión pausada, profunda, y para la implicación en un entrenamiento personal que redunde en una mayor eficacia en la terapia, pero fundamentalmente redunden en el autocuidado de los terapeutas, y en la práctica sistemática de la humildad y la autocompasión.

Post by Marisa Paez

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