No necesito que mis pacientes crean lo que les digo.

2 junio, 2020

Marisa

Reflexiones

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Todos los terapeutas nos deshacemos en explicaciones con nuestros clientes, necesitamos hacerles entender cómo funcionan las cosas, o  que entiendan la necesidad de practicar con alguna estrategia novedosa, o que nos crean y apliquen las sugerencias y recomendaciones que les damos… A veces nos angustia cuando un cliente se va “poco convencido”, o cuando “no cree que pueda conseguir un objetivo porque toda la vida lo  ha hecho de otro modo”, o tenemos la sensación de que “no se ha enterado bien”, o no hemos sido capaces de “explicar con claridad” algún tema. A veces nos sentimos incómodos con estrategias novedosas porque el mismo cliente nos dice, que “no cree que eso que le ofrecemos le vaya a ser de utilidad”…

Pero yo no necesito que mis clientes crean o sientan nada de esto. Para los terapeutas ACT lo que crean sus clientes, no supone un problema.

No necesitamos que los clientes “crean que pueden” hacer tal o cual cosa, o que “crean que el objetivo que se plantean es alcanzable” o  que “se sienten capaces de hacer” una u otra cosa…

Yo necesito que mis clientes aprendan que en presencia del pensamiento de “no seré capaz de” o “no entiendo esto que me dices”, o con la idea de “esto no me va a servir”,  hagan y practiquen lo que les proponemos, en ajuste a sus objetivos valiosos.

Sobre la base de esa práctica le preguntaremos luego a nuestro cliente cómo le ha funcionado; y  más importante aún, cómo ha sido la experiencia de hacer “a” cuando la mente le recomendaba hacer “z”.

Justamente el corazón de ACT es flexibilizar la relación aprendida entre lo que se piensa,  se siente y se hace.  El concepto de flexibilidad psicológica,  central  en ACT, hace justamente referencia al proceso de alterar esa relación en la que ante el pensamiento de no puedo, la persona practique el hacer  que impulsará el cambio significativo.

En ACT contamos con montones de herramientas para trabajar con los pensamientos (anticipaciones, expectativas, rumia, pensamientos derrotistas, desgana, incredulidad, etc.) sin necesidad de cambiarlos.

Y en cambio, nos centramos en el proceso de hacerse consciente de los propios pensamietnos, aprender a notarlos como un producto automático de la mente, diferenciándonos y separándonos de ellos, mientras actuamos de un modo personalmente significativo. Así el paciente aprende a convivir con sus tendencias mentales y a hacer caso a los pensamientos sólo cuando hacerlo le resulta útil para conseguir la vida que quiere. Y cuando hacer caso a los pensamientos suponga bloqueo, limitación o empobrecimiento vital; aprender a observarlos, tenerlos sin hacer caso a lo que dicen, sin que controlen la conducta.

Las estrategias de defusión, en las que se incluyen las herramientas de mindfulness, son las estrategias que empleamos para salir del enredo cognitivo en el que muchos pacientes se encuentran, para salir de la maquinaria mental desde la que todos, incluidos los terapeutas, nos empeñamos en resolver los problemas de la vida.

Marisa Paez
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