Qué implica no poder despedirse de un ser querido que fallece

Qué implica no poder despedirse de un ser querido que fallece

Un duelo es un proceso natural de despedida y retorno a la vida sin el ser querido que se ha perdido. Un camino que todos tendremos que transitar antes o después tras la perdida de un ser querido, y que es una parte consustancial de la vida de todos. Psicológicamente, el modo en que cada uno afronta este recorrido, que concluye con retomar y reorganizar la vida en las nuevas condiciones, requerirá de un trabajo por parte de la persona que lo vive, que conllevará un mayor o menor esfuerzo y tiempo dependiendo de una serie de factores.

Uno de los factores primordiales en la resolución del duelo tendrá que ver con los recursos personales de cada uno, específicamente, el grado en que cada uno es capaz de establecer contacto con los propios sentimientos, emociones, pensamientos y recuerdos surgidos ante la muerte del ser querido. También influye las circunstancias en las que la muerte ha ocurrido. El afrontamiento de una pérdida suele ser más difícil cuando es repentina, inesperada y ha generado un gran impacto, o si ha ocurrido en circunstancias ambiguas o desconocidas y se trasforma en algo incomprensible. Por ejemplo, personas mayores con buena salud que han ingresado y después de un período corto de ingreso han fallecido, el desconocimiento de las condiciones en las que se ha atendido al familiar en el hospital, las circunstancias en las que han fallecido abuelos en residencias, o la falta de información sobre los sitios en los que se han trasladando los cuerpos de los fallecidos. Todas estas circunstancias suman dramatismo a la situación y pueden llevar al desarrollo de dificultades en la resolución del duelo.

Pero además, y esto es lo excepcional en estos momentos, el contexto socio-cultural condicionará estas reacciones y manifestaciones. Los procesos de duelo podrían complicarse debido a las dificultades que están teniendo los familiares de participar, tanto del proceso de enfermedad, del cuidado de los familiares, como con la imposibilidad de contactar con la pérdida de un modo cercano, y por la imposibilidad de celebrar ritos y ceremonias que acompañen socialmente al familiar y que faciliten el proceso.

Los distintos rituales y ceremonias, ya sean religiosas o laicas que las diferentes culturas han organizando, han estado dirigidas a ayudar a los dolientes a tomar conciencia de la pérdida, simbolizar la despedida, acompañar y favorecer en el doliente la expresión emocional y acompañarlo en el proceso. En situaciones extremas como la que estamos viviendo en estos momentos, cuando no estamos teniendo oportunidad de acompañar a nuestros enfermos contagiados, no hemos tenido ocasión ni de verlos, ni de velarlos, ni enterrarlos, y los familiares no están teniendo ocasión de llevar a cabo los ritos oportunos, pueden ocurrir que el proceso natural se bloquee, se complique y que finalmente el familiar pasado un tiempo, tenga dificultades para retomar la vida de un modo natural.

La relación entre estos factores personales y sociales, podrán ayudar a los familiares de la persona fallecida a transitar este trabajo de duelo de una forma natural, normal o en cambio generar bloqueo y llevar a lo que se ha dominado un duelo problemático.

En cualquiera de los casos, tanto si se transita a través de este trabajo de un modo normal o si existen dificultades y bloqueos, hay que saber que son completamente naturales la confusión, la pena, la tristeza, el profundo dolor, la rabia, el miedo, la culpa por lo que se hizo y se dejó de hacer, sensaciones de irrealidad, etc. Estas reacciones inicialmente son completamente naturales, vinculadas a la propia muerte, pero especialmente frecuentes e intensas en las condiciones en las que están ocurriendo las muertes durante esta pandemia…. Hay que recalcar entonces que cualquier sensación, pensamiento, sentimiento, recuerdo, aun cuando parezcan extraños, son reacciones normales y comprensibles a la luz de la situación social extraordinaria que se está atravesando, pero más concretamente relativas a las circunstancias del fallecimiento. Y estarán estrechamente relacionadas con la historia de la persona y la particular relación que haya tenido con la persona fallecida.

Qué pueden hacer todas esas personas para sobrellevar el duelo durante esta cuarentena

Los profesionales que trabajamos en salud mental vemos que el entorno cada vez tolera menos la expresión del duelo, y a los pocos meses se espera que la perdida esté superada y que el doliente haga ya una vida como la de antes. El luto, la tristeza que supone, generan en nuestra sociedad rechazo. La muerte se ha confinado en los tanatorios a las afueras de las ciudades, liquidando en poco tiempo los funerales y convirtiendo en tabúes las conversaciones sobre ella. La progresiva laicización de la sociedad está llevando a que para muchas personas los rituales religiosos pierdan su sentido original, sin que todavía se hayan asentado otros rituales alternativos que permitan tomar conciencia de la pérdida . También la práctica creciente de la incineración obliga a que establezcamos nuevas alternativas para articular los rituales y desarrollar la vivencia social e individual del duelo. También habría que mencionar aquí el reto que supone hoy para los padres el hablar de la muerte con los hijos y abordar con ellos el tema de la muerte de un ser querido.

Por todo esto creo que estos en momentos como sociedad y viviendo en estas condiciones tan complejas tenemos una oportunidad para repensar el modo en el que estamos viviendo las pérdidas últimamente. Y será nuestra obligación facilitar y promover el desarrollo de ceremonias, ritos y expresiones colectivas que nos ayuden como grupo a integrar lo vivido; y de modo individual, a integrar la muerte de nuestros seres queridos, simbolizando las pérdida de una nueva forma, y más allá de los rituales concretos que conocemos, que se han venido usando, pero que en estos momentos y a corto plazo no podemos implementar.

Así pues colectivamente nos puede ayudar:

  • Por parte de las instituciones, (servicios sanitarios, residencias de ancianos, servicios funerarios, etc.), facilitar al máximo, y en la medida de lo posible información concreta, breve y clara, sobre el estado de los enfermo, los residentes, y su desenlace, y si han fallecido información sobre ubicación y modos de proceder.
  • Por parte de los medios de comunicación, rompe el tabú y hablar y sacar a la luz las pérdidas de personas que como sociedad estamos teniendo, más allá de las estadísiticas que se conocen diariamente. Poner nombre y apellidos, caras a las personas que fallecen, y así como se hace eco de historias de superación y de personas que están saliendo adelante reforzadas, que haya sitio también para las personas que nos han dejado, que podamos ser consientes de la pérdida y rendir tributo y tener palabras de aliento para los familiares.
  • Permitir y fomentar expresiones colectivas, ritos, ceremonias de duelo colectivo. Sería positivo que así como la sociedad en su conjunto se ha unido en un aplauso colectivo de apoyo a los sanitarios, por ejemplo, pudiéramos unirnos cada tanto en un minuto de silencio colectivo en memoria de los fallecidos y en apoyo a sus familiares. O bien colgar pancartas y carteles con mensajes de aliento a las familias o mensajes de despedida, o destacando lo que las personas fallecidas han aportado a la sociedad o en una familia, o en mi barrio.
  • Que las instituciones desplieguen mecanismos de comunicación que faciliten transmitir condolencias y palabras de consuelo a familiares. En esto los psicólogos creo que tenemos mucho que aportar.
  • Permitir y fomentar la expresión emocional de los dolientes:
    • Ayudando y fomentando a los dolientes a incluir mensajes de despedida y esquelas a través de distintos medios
    • Fomentar el uso de las redes sociales para hacerlo
    • Permitiendo y fomentando que personas con pérdidas puedan hablar y contar historias de sus seres queridos, y que haya espacios para que expresen todo lo que sienten, mostrando apoyo, comprensión por parte de su red social.

Desde un punto de vista personal será útil:

  • Contactar con el dolor. Permitir y facilitar la expresión del dolor y de sentimientos fuertes en los otros. Cuando lo más habitual es, con la intención de aliviar el dolor, tapar el dolor, recomendar olvidar, dar consejos motivacionales para salir adelante, o cambiar de tema cuando el doliente intenta expresarse. O insistir en que el doliente se distraiga, se olvide, o minimizar las reacciones a través del uso de fármacos. Conviene aquí alertar sobre las consecuencias negativas que puede tener la medicalización del proceso de duelo en tanto que pueden retrasar el proceso natural.
  • Abrirse a notar la reacciones emocionales y cognitivas que naturalmente se presentarán, darse tiempo y permiso para llorar, para sentir rabia, para hablar de lo que se hizo o no se hizo con la persona, de lo que se compartió o quedó pendiente de compartir, de cómo se le echa de menos a la persona fallecida. Ser paciente con uno mismo y no querer salir corriendo o pasar de puntillas por el proceso.
  • Simbolizar la pérdida mediante ritos afines a cada cultura familiar. En estos momentos todos estamos encontrando de forma creativa y novedosa nuevas formas de interacción y comunicación con nuestros seres queridos. A algunos tocará también encontrar nuevas formas de simbolizar la pérdida y de ritualizar las despedidas:
    • Hacer reuniones familiares virtuales por ejemplo para orar o seguir algún tipo de ceremonia religiosa, incluso contar virtualmente con algún párroco o guía espiritual.
    • Reunirse virtualmente para hablar del fallecido, para compartir lo que ha ocurrido, lo que se siente, lo que se va a echar de menos. Para dar compañía, expresar afecto, comprensión, mostrar cercanía.
    • Enviar mensajes de apoyo y cariño si nos enteramos que algún familiar de un amigo o ser querido ha fallecido. Facilitar las conversaciones y mostrarse disponible cuando los familiares lo necesiten.
  • Simbolizar y ritualizar la pérdida de modo individual.
    • Por ejemplo escribiendo una carta de despedida en la que puedas expresar tus sentimientos más profundos, centrándote en las cosas que te hubieran gustado decirle y hacer con esa persona, mostrando gratitud por todas las cosas que recibiste de ella. Expresando culpa o pidiendo perdón por las cosas que no pudiste o no supiste hacer en su momento.
    • Construir un pequeño altar o destinar un rincón en casa en el que haya fotos del familiar fallecido, fotos de momentos compartidos, objetos personales, o que suene la música o las frases escritas que solía usar esa persona. Que podamos hacer una pequeña ceremonia de despedida o bien que permanezca en casa ese lugar y que podamos acercarnos allí para conectar con los recuerdos, las emociones que sentimos por la pérdida, y que pueda ser un espacio de conexión individual o para compartir con el resto de la familia.
    • Comprometerte a hacer algo específico, en avanzar hacia algún objetivo, por ejemplo hacer ese viaje que habíais soñado hacer juntos, u ordenar las fotos que el fallecido estaba ordenando, o terminar alguna obra inconclusa a modo de tributo, y ofrenda a la vida que ha tenido el fallecido. Y a modo de compromiso con continuar con la labor o mentenerte alineado a los valores o con las cualidades que el fallecido te inculcara y que quieres que permanezcan en ti.
    • Puede ser de ayuda además, pensar, planificar el tipo de ceremonia o acciones que quieres hacer cuando todo esto termine, porque esta situación va a terminar y podremos vovler a nuestras rutinas diarias, y esperemos que volvamos de un modo más concientes y habiendo aprendido a hacer las cosas de un modo diferente.

De lo que se trata es de que todos, tanto profesionales, como comunicadores y sociedad en general, contribuyamos no patologizar el duelo, esto es, no convertir algo natural en una enfermedad, y de facilitar de modo creativo estrategias que nos permitan en estos momentos tan dolorosos ser capaces de llevar este dolor, que seamos capaces de vehicular o proporcionar una vía y un espacio que facilite el recorrer el proceso en estas condicones tan especiales.

Y aunque la mayoría de personas cuentan con recursos para superar el duelo por sí mismas, el apoyo psicológico especializado podrá ser útil a personas que carecen de las habilidades necesarias para llevar consigo su dolor, a quienes no cuentan con el apoyo suficiente o que se sienten incapaces de retomar sus actividades, y salir adelante dadas las excepcionales condiciones en las que muchas muertes están ocurriendo en estos momentos.

Para ellos, una ayuda especializada puede facilitar los objetivos mencionados, sobre todo en un momento en que el entorno no dispone, o al menos no en la medida en que sí lo hacía antes, las condiciones para vivir el duelo naturalmente.

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