Sudar para vivir

Sudar para Vivir

En mi casa desde que tengo uso de razón cualquier patología, leve o grave, se prevenía o se curaba haciendo deporte. “Sudando” para ser más exactos en palabras de mi padre. Que estornudabas o tosías más de la cuenta, mi padre te preguntaba “¿Y hace cuánto que no sales a correr?”…. Que estabas en época de exámenes, te quejabas de cansancio y dolor de cabeza, “¿Estás haciendo actividad física?”, te interrogaba. En épocas de mucho trabajo y estrés “¿Hace cuánto que no sudas la camiseta?” indagaba…

En tiempos de crisis, problemas laborales, un período de postparto, dificultades para dormir, dolor de cintura, asma, bronquitis, dolor de cervicales, reacciones alérgicas, diarrea o  virus estomacal, eccemas de piel, etc., absolutamente a todo esto mi padre lo entendía, prevenía e incluso curaba, (y sigue haciéndolo) a través de la actividad deportiva.

Si conocierais la historia de mi padre entenderíais por qué para él un estado mejor de cosas es posible siempre a través del movimiento físico. Brevísimamente, mi padre, que ahora va a cumplir 80 años, ha sido deportista de elite de muy joven: gimnasia deportiva, grandes aparatos, anillas; ha sido profesor de educación física: de infantil, de primaria, de secundaria y de profesores; entrenador: de baloncesto y de fútbol; jugador de fútbol, de rugby; ha hecho esgrima, pelota vasca, ha competido en natación… y podría seguir con un largo etcétera. En este contexto para mi padre el deporte que ha atravesado toda su vida, significa muchísimas cosas.

Para él, y es así es como nos lo ha transmitido a mi hermano y a mi a lo largo de nuestra vida, el deporte significa orden, significa rutina, significa implicarse sistemáticamente en pro de un objetivo, perseverancia, autocontrol. Para él significa fortaleza, capacidad de adaptación a lo que toque, capacidad de esfuerzo, distancia para encajar el fracaso, la derrota, significa amaestrar la pereza, el dolor físico, el malestar y el miedo,  ir más allá de las inclemencias climatológicas. Y más aún, significa amistad, camaradería, equipo, lealtad, honestidad…. Significa presencia y conexión con el cuerpo, con lo que se siente directamente al movernos, significa contacto con la naturaleza, fuerza, libertad, vida…entre otras cosas …

Por eso yo en estos días tan raros, inquietantes por momentos, de encierro que a veces se transforma en desconexión, en estos días de confusión, incertidumbre y angustia, me he parado a pensar sobre cómo quiero estar, cómo elijo afrontar la situación. Y curiosamente lo primero que me ha venido a la mente ha sido una imagen en la que me veo haciendo deporte, sudando. He de confesar que me ha dado un poco de risa, porque nada más verme, podréis notar que no soy una persona especialmente atlética … Pero sin embargo creo que esa imagen mía sudando, conecta directamente con todos esos valores que nos ha transmitido mi padre en relación con el deporte, y conecta directamente con la imagen de cómo quiero verme en estos días difíciles.

En estos días quiero verme

Activa, no para distraerme, no para entretenerme, ni eludir el agobio; sino haciendo  cosas (organizando un menú, preparando comida saludable, ordenando y limpiando a diario, decorando espacios de casa, preparando el jardín para la primavera, proponiendo juegos a las nenas…) que contribuyan a facilitar la convivencia en casa, que hagan de mi casa un espacio  bonito, en el  que apetezca estar, que facilite el nutrir las relaciones amables.

Ordenada, sistemática y siguiendo rutinas, no para obtener sensación de control,  pelearme contra la incertidumbre y el caos presente; sino para facilitar la convivencia. Que mis hijas puedan centrarse en sus tareas y en sus juegos. Que la menor pueda ubicarse espacio-temporalmente, ordenarse y vivir este momento con naturalidad, aprovechando esta oportunidad para avanzar en su autorregulación. Orden para que la mayor pueda hacer sus tareas y siga aprendiendo las sumas, los dictados, el inglés. Orden para facilitar el teletrabajo de mi pareja y el mío, que podamos concentrarnos y mantengamos nuestro buen hacer ante los nuevos retos que cada día tenemos que afrontar.

Asistiendo, participando de mis clases de ilustración on line con mi profe aunque no pueda ver lo que estamos pintando; meditando con mis hijas aunque me estén metiendo el dedo en el ojo para saber si estoy dormida o qué; haciendo ejercicio diario con ellas correteando, jugando e interfiriendo en cada ejercicio, en cada estiramiento. Ofreciendo ayuda a mis pacientes online, acompañando a mis alumnos en su proceso de aprendizaje y compartiendo e intercambiando conocimiento.

Asistiendo y participando en mis actividades diarias no para distraerme y llenarme de cosas, no para hacerlo perfecto, o simular que no pasa nada, sino porque mi horizonte no ha cambiado, mis objetivos se mantienen, lo que más valoro sigue estando allí. Porque además siento que esta es una ocasión para explorar formas alternativas de mantenernos en el camino, formas alternativas de aprender, de compartir e intercambiar ideas, incluso cuando todo es nuevo, no sabemos cómo hacerlo y hay caos.

Conectada, empática y cercana. No entreteniéndome en relaciones vacías, no hiperalerta al chorro de información opinable, no para escuchar las quejas, las críticas y el enfado los que todo le ven a posteriori… sino quiero estar conectada con lo queestá ocurriendo y con personas que me importan. Quiero hacer el ejercicio de ponerme en los zapatos de quienes están en primera línea trabajando para cuidar a los enfermos, en la piel de los que están enfermos, en la piel  de los familiares de los enfermos, y en la de todas esas personas que se exponen cada día saliendo a trabajar para que las cosas báscias funcionen….Quiero aprender de esto. Quiero estar conectada porque necesito que me cuiden, necesito sentirme querida, sentir que se preocupan e interesan por mí, necesito escuchar a mi madre y a mi padre que cada mañana me llaman para darme los buenos días. Conectada porque necesito cuidar, ofrecer apoyo a quien lo necesita, estar disponible emocionalmente, acompañar y compartir. Con mi familia que está a unas calles de aquí, y con los que están a cientos de kilómetros. Acompañar y compartir con mis amigos que están solos, con mis amigos que tienen que gestionar montones de cosas y no dan más de sí, con mis vecinos que se han quedado aislados, lejos de su hogar, con los que están perdiendo lo poco que tenían… quiero  pertenecer, cuidar mis relaciones y sentir que estamos haciendo equipo, que hay camaradería, cooperación y que ese es el modo de salir adelante.

Quero  verme en contacto con todo lo que se me está moviendo en estos momentos que no es poco,  no quiero ocultar mi angustia, la sensación de encierro quee me asfixia, el miedo a lo  que vendrá, el hartazgo, la impaciencia, el cansancio … Quiero  aprender a notar y distanciarme de esto y a mantenerme clavada a la persona que soy, clavada a los valores que me ha  transmitido  mi familia, clavada a lo  que quiero que crezca en mis hijas, clavada a los quehaceres que me hacen avanzar y estar conectada con lo más valioso para mí.

Quiero desde esa conexión y desde esa conciencia enseñarles a mis hijas la fortaleza de la flexibilidad, que las llevará a estar centradas en lo que valoran y a afrontar quien sabe qué tipo de mundo venidero.

Quiero verme en esta situación creciendo, aprendiendo de mis limitaciones y de mis fortalezas, porque todo lo que aprendo sobre cómo hacerlo ante el dolor y la incertidumbre global, me hará una persona más fuerte,  más libre y más en contacto con la vida que nos toque.

Marisa Paez
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